Cómo comprobar un archivo antes de abrirlo
Usa procedencia, tipo real, hashes, macros y análisis antimalware como capas de evidencia, sin confundir un resultado limpio con seguridad absoluta.
Leer más→Revisa localmente el tipo real, extensiones, indicios de macros Office, acciones PDF y SHA-256. Es una revisión heurística, no un veredicto antivirus.
Procesamiento: local en tu navegador
Esta herramienta aplica comprobaciones heurísticas concretas antes de que abras un archivo. El análisis se ejecuta en el navegador y no sube el contenido a ToolsFree, pero no sustituye el análisis de un antivirus ni demuestra que un archivo sea seguro.
Comparamos los magic bytes con la extensión declarada, señalamos extensiones ejecutables, buscamos indicadores de macros en documentos Office y JavaScript incrustado en PDF, y calculamos el hash SHA-256. Cada resultado describe una señal observable; no es un veredicto sobre malware.
Una alerta exige más investigación. Un resultado sin alertas solo indica que no aparecieron estas señales específicas; una carga maliciosa desconocida puede seguir presente. Comprueba el origen, la firma o el hash publicado y analiza los archivos no confiables con protección actualizada o en un entorno aislado.
Evitar una subida a ToolsFree reduce la exposición, pero el dispositivo, el navegador, sus extensiones y el lugar donde guardes o compartas el resultado siguen formando parte de la seguridad del archivo.
La extensión de un archivo (.pdf, .jpg, .exe) es solo una etiqueta en el nombre y se puede cambiar sin alterar el contenido. Los magic bytes, en cambio, son los primeros bytes reales del archivo e identifican su formato de verdad. Cuando la extensión declara una cosa pero los magic bytes indican otra, es una señal de alerta: por ejemplo, un archivo llamado factura.pdf que en realidad es un ejecutable. Esta herramienta compara ambos para detectar ese desajuste, aunque una coincidencia no garantiza que el archivo sea inofensivo.
Si un archivo genera una alerta o llega de un origen que no controlas, no lo abras sin más. Verifica el remitente por otro canal, compara el hash SHA-256 con el que publique la fuente oficial y analízalo con un antivirus actualizado. Para lo más delicado, ábrelo en un entorno aislado, como una máquina virtual o un visor en la nube, donde un posible daño quede contenido. Ante la duda, borrarlo suele ser más seguro que arriesgarse.

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